Breve paseo por la historia de Milán

Milán

Milán, a lo largo de su historia y debido a su ubicación, ha sido un lugar bastante codiciado por numerosas civilizaciones. Desde que se creara, a manos de los celtas, allá por el año 600 a.C, ha demostrado que su emplazamiento era clave para la dominación de varias vías mercantiles, algo que ya con la llegada de los romanos (en el año 222 a.C) suponía un aspecto verdaderamente crucial para establecerse como una gran urbe.

Aquellos romanos decidieron llamarla Mediolanum, precisamente por estar en “tierra del medio”. Y desde la llegada de los mismos, el desarrollo económico de la ciudad comenzó a fortalecerse de manera exponencial perfilándose como un importante núcleo urbano.

En el año 313 se promulgó el Edicto de Milán. En ese momento el emperador, Constantino el Grande, legalizaría el cristianismo, por lo que fue un momento clave para la construcción de muchas de las iglesias que hoy por hoy podemos ver en la ciudad.

A partir del siglo IV, con la llegada del primer obispo Ambrosio de Milán y el emperador Teodosio I, la ciudad se convertiría en la capital del Imperio romano de Occidente, y a pesar de que fuera por un breve periodo de tiempo, lo cierto es que el desarrollo de la misma se impulsó todavía más.

En el 450 los hunos se hacen con la ciudad y allá por el 539, durante las Guerras Góticas entre bizantinos y ostrogodos, los segundos saquearían la ciudad de tal modo que quedaría completamente arrasada, destruyendo completamente el brillo y la grandeza de la misma.

A pesar de que el general bizantino Narsés, quien finalmente tomó la urbe, intentó reconstruirla con esmero, lo cierto es que Milán no recuperaría el antiguo esplendor.

Se avecinaban nuevos cambios allá por el 569 con la llegada de los lombardos, pero muchos más cambios y un nuevo crecimiento llegarían un poco más tarde, en el 774, momento a partir del cual la ciudad pasó a manos de Carlomagno.

Con la Italia imperial (del 962 al 1266), Milán se vería inundada de una lucha interna entre el poder civil y religioso, lucha que terminaría con el paso del gobierno del Conde al Arzobispado. En este momento entra en escena el Obispo Ariberto, y su paso por Milán se caracterizó por un poder absoluto por parte de la iglesia milanesa.

Tras el esplendor en la época de los Visconti (1277 a 1447), momento en el que surgirían artistas tan importantes para la ciudad como Leonardo da Vinci o Bramante, llegaría un nuevo episodio de conflictos, en el que la ciudad era conquistada por los franceses y posteriormente, tras su derrota en la batalla de Pavía (1525) pasaría a formar parte del imperio de Carlos V.

Los franceses no volverían hasta la llegada de Napoleón, que tras la Revolución francesa ocupará la urbe. Tras este episodio, la ciudad sería uno de los principales núcleos del nacionalismo italiano, el cual reclamaba con fervor la independencia y la unificación italiana.

Finalmente, en el año 1859, Austria cedería el control al Reino de Piamonte-Cerdeña, un Reino que tan sólo dos años después pasaría a convertirse en el Reino de Italia.

Otro de los episodios importantes de la ciudad aconteció con la llegada del partido fascista, allá por 1919. Aun así, Milán es una ciudad emblema de la Resistencia.

En 1943 se organizaría una huelga general en las fábricas de la ciudad constituyendo el Comité de Liberación Nacional, estrechamente relacionado con la caída del régimen fascista. Además, fue uno de los principales motores de reconstrucción industrial y cultural de todo el país tras la guerra.

Hoy por hoy, Milán es el principal centro económico del país, y una capital realmente importante a nivel europeo.

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